martes, 14 de julio de 2009


Amar sin esperanza es tal vez la forma más pura de amor. ....


En el amor, vale más una mirada que cien palabras.
El amor nos manda un mensaje claro: deja todo y ve tras aquella persona.


que tengas el maravilloso dia que te mereces ....TE AMO !!SIEMPRE .....

lunes, 13 de julio de 2009


Quisiera empezar vos, un pequeño fuego, poco a poco y verlo crecer, agrandarse ver tus colores, mis colores, al calor de la llama… Quisiera sentir tu aliento suave, cálido, sentir como poco a poco me va quemando, me va consumiendo…. Quisiera cubrir tu cuerpo de sonrisas besos, juegos, promesas y fantasías, pero más que todo eso quisiera quedarme para siempre en tu corazón, en tu mente, en tu espíritu .Quisiera tocar lo más hondo de ti y sentir que flotas, y sentir que creces al roce de mis manos, de mis labios….. Quisiera sentirte, probarte, tocarte ver como cada parte de ti se convierte en uno solo verte suspendido en un momento que quisiera no terminara jamás y ver como te derramas en cascadas y ahogarme en ti, sintiendo como te conviertes en oleaje al soplo de mi brisa Y quisiera disfrutar tu cansancio y acariciarte y contarte todo lo que me haces sentir…Y de nuevo, poco a poco comenzar a construir otro pequeño fuego...
se feliz...esta semana haz cumplir tus mayores deseos....sobre todo avos...poeta mio....

domingo, 12 de julio de 2009

....SER FUERTE...




Ser fuerte es amar a alguien en silencio.
Ser fuerte es irradiar felicidad cuando se es infeliz.
Ser fuerte es intentar perdonar a alguien a quien nos cuesta perdonar.
Ser fuerte es esperar cuando no se cree en el retorno.
Ser fuerte es mantenerse en calma en momentos de desesperación
Ser fuerte es demostrar alegría cuando no se siente.
Ser fuerte es sonreír cuando se desea llorar.
Ser fuerte es hacer a alguien feliz cuando se tiene el corazón hecho pedazos.
Ser fuerte es callar cuando lo ideal sería gritar a todos su angustia.
Ser fuerte es consolar cuando se precisa de consuelo.
Ser fuerte es elogiar cuando se desea maldecir.
Ser fuerte es tener fe en aquello que no se cree.
Por eso, por más difícil que tu vida pueda parecer:
Ámala y sé Fuerte!.....


TENGAN UN EXCELENTE COMIENZO DE SEMANA......Y AVOS .....EL MEJOR!!!

viernes, 10 de julio de 2009

DARLE TIEMPO ...AL... TIEMPO


tiempo, se encargará de sanar las heridas, si se le es permitido.
El tiempo, hará realidad los sueños, si en verdad se ha luchado por ellos.
El tiempo, llenará todos los vacíos, si estamos realmente abiertos y así lo queremos.
El tiempo, nos devolverá la paz que habíamos perdido, si hacemos algo por recuperarla. Por eso, hay que darle tiempo al tiempo.
El tiempo, puede encender de nuevo la llama de la ilusión, si así lo soñamos.
El tiempo, nos enseñará a vivir sin lo que se había perdido; si queremos aprenderlo.
El tiempo, pondrá en nuestras manos los frutos de lo que hemos sido y vivido,
porque es lo que realmente nos ofrece el tiempo; por eso, solo de uno mismo depende que seamos sus amigos o enemigos. Hay que saber darle tiempo al tiempo.
El tiempo, puede fortalecer o matar un amor, sin ser culpable de lo que ocurra;
El tiempo, devuelve o quita la ilusión; dependiendo de nuestra fuerza interior;
El tiempo, logra que algunos caigan en la rutina, según como vivan la vida; No depende del tiempo lo que nos pase; hacemos parte del tiempo, pero se nos da la libertad de saberlo aprovechar o simplemente dejarlo pasar.
El tiempo no se devuelve, ni se detiene; camina a su ritmo; aunque a veces parezca que vuele o se estanque, según el momento que vivimos. El tiempo sana o hiere, quita u ofrece, mata o da vida, llena o vacía, sin ser culpable de lo que a su paso ocurra, porque no es él quien realmente actúa, somos nosotros los que vivimos en el tiempo.
El tiempo, transforma, renueva o envejece; pierde o recobra su valor según como le utilicemos, se gana y multiplica cuando vivimos intensamente lo que trae consigo en cada segundo que se nos regala; hay tiempo mal invertido, que se nos escapa aún sin haberlo vivido, es el tiempo que muchas veces pasa desapercibido y cuando se nos acaba sin avisar, nos lamentamos por lo que se pudo hacer, pensar y sentir y no lo hicimos.
Somos parte del tiempo, somos el resultado de lo que en el vivimos o generamos; somos los que quizás nos detenemos creyendo interrumpir su marcha , quedándonos en un pasado al que nos aferramos, o un presente que al parecer no avanza y aleja de nosotros la visión del futuro que se nos viene; olvidando que el tiempo no se detiene, porque pase lo que pase el reloj sigue corriendo, al mismo ritmo, marcando el paso que solo le da el tiempo.
QUE TENGAN UN EXCELENTE FIN DE SEMANA ...Y PARA VOS..POETA , EL MEJOR ...

APRENDI Y DECIDI


Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar...Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas,Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución,Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis,Decidí ver cada noche como un misterio a resolver,Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos,Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar,Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quién ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "Amigo".Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, "el amor es una filosofía de vida".Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente;Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.Aquel día decidí cambiar tantas cosas... aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar...Ahora simplemente duermo para soñar.

UN GRAN AMOR..DE LEYENDA,LA DELFINA Y FRANCISCO (PANCHO) RAMIREZ..



Es 28 de junio de 1839: un día de invierno en Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay).Acaso es también un día de fiesta (aunque amarga y secreta) para Norberta Calvento, la señorita cuarentona que oye, desde la sala, el paso demorado de un ataúd. Sus ropas de luto no se deben por cierto a la muerta reciente que transita sobre la calle despareja. Desde hace dieciocho años, viste de negro por un hombre que le pertenecía y que esa muerta próxima supo robarle con descaro. Ahora tiene el consuelo de ver pasar, como reza el proverbio árabe, el cadáver de su enemiga. Tampoco ésa, la extranjera, ha tenido derecho, ni legal ni celestial, a llamarse viuda. “¿Pero es que le habría importado eso a la manceba?”, se tortura Norberta. Las noticias del día siguiente la desalientan por completo. La Delfina ha muerto a solas, anticipándose al tango, “sin confesión y sin Dios, crucificada a su pena, como abrazada a un rencor”. Nada debió de inquietarle la bendición de un fraile a la que se animaba a presentarse ante el Supremo de los Supremos tan arrogante y desnuda de toda protección como se había presentado una vez ante el Supremo Entrerriano. Si algo faltaba para cerrar el circulo de un melodrama ejemplar, la misma Norberta se encargaría de proveerlo años más tarde, cuando, por su expreso pedido, sería amortajada con el traje de bodas cosido en vano para su casamiento.
Pocas historias cumplen, en efecto, los requisitos de la pasión romántica con la perfección del ya legendario amor entre el caudillo Francisco Ramírez y su cautiva portuguesa, por todos conocida como La Delfina. Hay un héroe indiscutido (Ramírez) que, como deben hacerlo los amados de los dioses, muere joven; hay una mujer fatal (Delfina), tan bella como enigmática, que lo lleva involuntariamente a la muerte. No faltan dos personajes secundarios que completan el episodio:
una víctima inocente de la gran pasión (Norberta, la novia abandonada) y un presunto traidor al héroe, por ambición y celos (el entonces coronel Lucio Norberto Mansilla). Se trata de un amor entre enemigos, y también entre un Príncipe y una Cenicienta. Un amor que ignora bandos y jerarquías, que rompe convenciones, que lleva su desafío hasta el último extremo.
El héroe. Ramírez era hijo de familia decente, de recursos. Su padre, Juan Gregorio, paraguayo, marino fluvial y propietario rural; su madre, Tadea Florentina Jordán, nativa de la provincia, dueña también de algunos campos. Leandro Ruiz Moreno sostiene que por la rama paterna se hallaba emparentado con el marqués de Salinas, y por la materna, con el virrey Vértiz y Salcedo. Más allá de estos encumbrados antecedentes, lo cierto es que Francisco Ramírez fue ante todo hijo sobresaliente de sus propios actos. Pasado ya el furioso fervor liberal y porteño contra los caudillos provincianos, que animó, entre otros, los textos de Vicente Fidel López, bien pueden verse hoy en esos actos también virtudes cívicas y civilizadoras no reconocidas antes, como ocurre con la ley de enseñanza primaria obligatoria, la fundación de escuelas, los avances en la institucionalización política de la Mesopotamia argentina
Pero para la construcción del mito no son tales aportes, sin duda encomiables, los que cuentan. Desde su temprana actuación, a los veinticuatro años, como chasqui de la Independencia, en los albores de la Revolución de Mayo, lo que distingue a Ramírez entre otros es su clarividente valentía y la suerte prodigiosa que acompaña sus empresas. Sabe disciplinar a los propios, emboscar y sorprender a los ajenos. Es él quien arrea todo el ganado que encuentra al paso, y se acerca a Buenos Aires, envuelto en polvo, fragores y bramidos, desconcertante, temible, sin que se sepa cuántos hombres comanda realmente. Es él quien ordena el cruce del Paraná, de noche, y hace nadar a los soldados gauchos asidos a la cola de los caballos para tomar, al día siguiente, la ciudad de Coronda. El, también, quien vence siempre, aun con tropas diezmadas; quien confunde el sendero del enemigo, o lo apabulla con un coraje ostentoso, hasta la última y definitiva batalla, que será también su primera derrota.
Cuando conoce a Delfina aún es aliado del santafecino Estanislao López y de Gervasio Artigas, en contra del Brasil y de Buenos Aires. Después de• ganar en Cañada de Cepeda, en 1820, López y Ramírez entran en la ciudad del Puerto, pero no abusan de su triunfo. Su escolta es reducida y no se muestran proclives a la exhibición afrentosa ni a las indiscriminadas represalias (Ramírez acaba de perdonarle la vida a su primer jefe, el director supremo Rondeau, a quien descubre oculto en unos pajonales). Su único gesto de barbarie (o, simplemente, de afirmación victoriosa) es atar sus caballos a las rejas de la Pirámide de Mayo. Suscriben, con Buenos Aires, el Tratado del Pilar, a costa, para Ramírez, de un nuevo enemigo:
Artigas, que le declara la guerra por no haber sido consultado a tal efecto.
Aunque el caudillo oriental sale perdedor en la contienda, pronto el entrerriano se encontrará completamente solo: en 1821, roto el Tratado del Pilar, López pacta con Buenos Aires, que ya tiene otros gobernantes. Podría decirse, sin embargo, que la soledad de Ramírez es la de la gloria, o la que le decreta la envidia de sus rivales. Por un abrumador plebiscito, Don Poncho es consagrado gobernador supremo de la República Entrerriana, que reúne las actuales Entre Ríos, Corrientes y Misiones. ¿Un reino propio, como aventura el poeta Enrique Molina? Sólo en algunas exterioridades fastuosas, porque El Supremo piensa en constituciones modernas, sin monarcas. Esto no le impide entrar en Corrientes con esplendor: bien vestidos (ha mandado hacer uniformes para todos sus hombres en Buenos Aires) él, los suyos y La Delfina, que gasta traje de oficial y chambergo con la misma pluma de avestruz que rubrica el escudo de la nueva república. En las galas de sociedad Delfina, no obstante, sabrá cambiar el chambergo por las flores y la peineta, y el sable por el abanico. Luego, en el campamento de La Bajada, donde habrá bailes, títeres, juegos de naipes, riña de gallos, carreras y hasta corridas de toros, dejará el abanico por la guitarra en la que —dicen— es diestra. Hacen bien en multiplicar expansiones y dispendios. Aún no lo saben, pero a su pasión pública le quedan pocas horas de fiesta.
La mujer fatal. La Delfina es un personaje definido mucho más por las incertidumbres que por las certezas. Ni siquiera se sabe si Delfina corresponde a un nombre o a un apellido (se la ha llamado también María Delfina). Su origen familiar, su posición social, han sido objeto de fluctuaciones similares:
si unos la creen hija bastarda de un virrey brasileño, otros la suponen humilde recogida por una familia estanciera. Hay quien dice que marchó a la campaña contra Artigas siguiendo, fraternalmente, a un miembro de esa misma familia, mientras que otras voces menos corteses la toman por ramera, o la hacen amante de algún oficialito. Hasta su belleza (de consenso indudable) está signada por lo impreciso. Como ocurre con Francisco Ramírez, nadie sabe a ciencia cierta si fue rubia o morena, blanca o mestiza. Alguno (el poeta Molina) le atribuye voz de sirena criolla y destrezas musicales. No se sabe si alcanzó también el desahogo de expresarse en letra escrita. Criada en el campo, en Río Grande do Sul, acaso ni siquiera haya cursado la enseñanza primaria, la única que se les impartía incluso a los varones, aunque fuesen hijos de familias acomodadas, como el propio Ramírez.
Otro rasgo de La Delfina es indiscutible: era una mujer valiente de puertas afuera (porque también hubo muchas y anónimas guerreras domésticas que en las más duras adversidades sostuvieron, ellas solas, sus familias). Su valor era llamativo, exhibicionista. Amaba los uniformes vedados a su sexo y los lucía, según parece, con gallardía inolvidable. No eran sólo una forma elegante de travestismo, sino verdadera ropa de trabajo: acompañé a su Pancho como coronela del ejército federal en todas las batallas, aunque esa dulce compañía le significó a su amante la muerte. Delfina aparece en este sentido como contrafigura de otra guerrera: doña Victoria Romero de Peñaloza, más eficaz que ella en las lides militares, y que por salvar (con éxito) a su marido, el Chacho, recibió la herida en la frente inmortalizada por la copla popular.
¿Por qué, siendo su cautiva y virtual esclava, se enamoré de Ramírez, y por qué éste, dueño todopoderoso, la convirtió en reina sin corona? Mucho se ha escrito sobre el estado de cautiverio femenino: crónico y también fundacional en la especie humana, donde el sexo, con el extraordinario poder de gestar y reproducir (y por ello reducido a la subordinación y el control), fue siempre botín de las guerras y prenda de las alianzas. Susana Silvestre, en su biografía amorosa de la singular pareja, dedica páginas lúcidas a la historia de las cautivas rioplatenses, mediadoras, con su cuerpo, entre dos mundos. Podemos suponer que a ella no le fue difícil dejarse encantar por Ramírez, hombre joven, en el cenit de sus talentos y de su buena estrella, cuyo carácter “despejado y audaz, amplio y prestigioso”, con algo de artista”, es reconocido incluso por Vicente F. López. Las prendas personales del caudillo y la oportunidad de un fulgurante ascenso hacia el poder y la gloria, marchando y mandando a su lado como si fuera un hombre, debieron de mezclársele en una irresistible combinación afrodisíaca. Y Ramírez, ¿qué vio en Delfina?
Para que una modesta cuartelera presa lograra encadenar a un varón que podía disponer de todas las mujeres, y hacerle olvidar sus serios compromisos matrimoniales con la hermana de un amigo íntimo, debió de ser algo más que un cuerpo atractivo y una sensualidad bien dispuesta. Dulzura (la de la música, la de su lengua madre) habría, sin duda, en ella; no la pasividad o la excesiva facilidad, que matan el deseo. Cautiva, pero brava seductora; sin remilgos, aunque orgullosa en su indefensión, seguramente supo darse exigiendo, y ganó la batalla con Ramírez desde el primer encuentro, cuando el placer total, correspondido, borró la asimetría entre vencedor y vencida, y los dos fueron, uno del otro, prisioneros.
El traidor. En todo humano paraíso hay una serpiente, y ese papel parece tocarle aquí a don Lucio Norberto Mansilla Lucio Norberto Mansilla, futuro padre de Eduarda y de Lucio y., entonces un joven coronel porteño con mundana cultura y sólidos conocimientos técnicos que puso, durante un tiempo, al servicio de Ramírez. Horacio Salduna, biógrafo del Supremo Entrerriano, le achaca a Mansilla la responsabilidad mediata de su catastrófico final.
Los dos hombres habían entrado en contacto durante las hostilidades entre Artigas y Ramírez, después de 1820. Mansilla colabora con sus trescientos cívicos y queda sellada una amistad marcial que no será duradera. Cuando Buenos Aires y López se vuelven contra Ramírez, que prepara —nada menos— una gran campaña con el fin de recuperar el territorio paraguayo para la Argentina, Mansilla se echa atrás, argumentando que no desenvainará la espada contra su ciudad de nacimiento. Ramírez acepta esta disculpa plausible, aunque le solicita que al menos conduzca a la infantería desde Corrientes hasta Paraná. Mansilla acata, pero no cumple. Su defección priva a Ramírez de las fuerzas imprescindibles para enfrentar a López, a Bustos y a Lamadrid y lo precipita hacia la ruina.
Salduna considera premeditada la traición de Mansilla, que se habría comportado desde el comienzo como infiltrado porteño. Buenos Aires y Santa Fe lo ayudarán, luego de la muerte de Ramírez, a coronar ambiciones personales con el cargo de gobernador de Entre Ríos. A la codicia política se habría sumado otra de distinto orden:
Mansilla deseaba, también, los favores de La Delfina, como lo prueba la correspondencia intercambiada con el comandante Barrenechea, al que, ya desaparecido Ramírez, envía
—inútilmente— corno celestino.
El final: los testimonios próximos al hecho y la memoria popular sostuvieron siempre que Francisco Ramírez murió en el intento de salvar a Delfina de la partida enemiga que la había echado en tierra y comenzaba a desnudarla. Aunque hubo intentos de atribuir su muerte a otros motivos, se han desacreditado detalladamente estas pretensiones.
Después de que muriera, Ramírez fue decapitado y su cabeza, embalsamada, conoció en Santa Fe el escarnio público. Su amada logró volver a Arroyo de la China, donde lo sobrevivió por dieciocho años. Susana Poujol (La Delfina, una pasión) la imagina prisionera (al final, voluntaria) de la novia olvidada, Norberta Calvento, unidas ambas por el recuerdo y la soledad. Quizá no estuvo tan sola; después de todo (la carta de Barrenechea a Mansilla hace suponer que la cercaba, al menos, un cortejante), pero no se casó ni engendró hijos, y no intentó, tampoco, volver a su tierra natal.
Tal vez en toda esta historia de amor y muerte haya una insospechada ganadora encubierta: Norberta, cuyo deseo, por incumplido, nunca pudo gastarse. Como la Magdalena de El ilustre amor (Mujica Lainez), también, acaso, llegó a la tumba como un ídolo fascinador, envuelta en el vestido blanco de la única que pudo llamarse novia del Supremo Entrerriano.

El Supremo Entrerriano ......QUE HISTORIA DE AMOR ....!ENTEREZA ..GAUCHA ....ARGENTINA!

jueves, 9 de julio de 2009

FELIZ CUMPLEAÑOS YERNO ..UN HIJO MAS ..TE QUIERO!!...TE LO DESEA ESTA SUEGRA QUE TE QUIERE ...Y QUE ES DESPISTADA ...JAJAJAJ


Para tu cumpleaños... Deseo que recibas estos regalos especiales. Felicidad, en lo profundo de tu ser. Serenidad, con cada amanecer. Exito, en cada respecto. Sinceridad, de amigos que te quieran. Amor, que sea eterno. Recuerdos entrañables, de momentos del ayer. Un presente esplendoroso repleto de bendiciones. Un sendero, que conduzca a un hermoso mañana. Anhelos, que se conviertan en realidad. Y reconocimientos, de todas las cosas maravillosas que hay en ti. ¡Que tengas un cumpleaños muy feliz!

TE DESEA ESTA SUEGRA QUE TE QUIERE UN MONTON..Y QUE ES DESPISTADA ..BOHEMIA ..PERO QUE SIEMPRE ESTARA A TU LADO ..FELIZ CUMPLE EDUARDO....



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